Madre por sistema

Tu cuerpo está preparado para ser madre y en realidad tu instinto también. Quizás lo que nos deberíamos preguntar es «Cómo nos debemos preparar para ser madres en esta sociedad».

Las mujeres tenemos muchísima presión, el siglo XXI es un siglo hostil para poder maternar desde el instinto y no desde los constructos sociales. En una era donde la inmediatez y la información llega en un clic, deberíamos poder detenernos para desgranar todo lo que nos llega y elegir el camino por el que queremos ir, y este hecho es muy difícil cuando el mundo gira tan rápido y cuando todo es para ayer.
Hacernos preguntas: “qué quiero, cómo lo quiero, por qué o cómo lo estoy sintiendo”, pienso que son claves para separar nuestro grano de nuestra paja, e insisto mucho en la palabra “nuestro”, ya que puede que el grano y la paja de la familia vecina sea otro.

En una sociedad en la que en el punto que nos quedamos embarazadas, ya tenemos una revista en el buzón, sin haberla pedido, en la que nos dan instrucciones claras de qué comprar, de cómo criar y de cómo trabajar con hijos a cargo, es muy difícil seguir caminando con libertad y sin buscar las instrucciones del siguiente nivel.
Nos venderán los utensilios básicos para el bebé, que serán la cuna, el cochecito, la hamaquita y el biberón de «por si de acaso», todos ellos objetos que separan la madre del bebé. Todos ellos sustitutivos de brazos, cuerpo y teta. Cuando nazca nuestro bebé, lo más probable es que no duerma ni 20 minutos en la cuna, ni 5 minutos a la hamaquita y ni 3 minutos en el cochecito si está despierto y sin movimiento. Todo esto nos llevará a pensar que lo estamos haciendo mal o a que a nuestro bebé le pasa algo, y no andamos desencaminadas.
Tu bebé te está diciendo claramente que quiere cuerpo, que quiere madre, pero a menudo estamos tan preocupadas buscando el porqué de que nuestra criatura no tolere aquellos “trastos básicos de bebé”, que nos costará mucho digerir y entender, que para maternar, debemos comunicarnos con él/a y hacernos las preguntas adecuadas.

A menudo actuamos desde el “instinto capitalista o social” y no desde el instinto endógeno.
Compramos la cuna porque pensamos que siempre se ha hecho así. Porque en todas las revistas, cuentos o películas, vemos el bebé durmiendo plácidamente en la cuna, porque mi padre me ha alertado de que sino “no me la sacaré nunca de encima”, etc.
Pero si paro un momento, tal vez descubro que me gusta dormir con mi bebé, que además mi bebé duerme mejor si está en contacto conmigo. ¿Cuál es el problema? ¿Lo que pasará más adelante?¿Qué quizás llegará un momento en el que querré dormir sola y mi bebé no lo va a tolerar? Los bebés pasan por muchas etapas y los adultos también, quizás en el momento que ya no me sienta o se sienta bien durmiendo conmigo, lo podemos cambiar. Así de sencillo.

Poder tomar las riendas y la responsabilidad de lo que implica ser madre, para tomar decisiones conscientes desde el amor más absoluto, es un objetivo importante y muy difícil de lograr por la cantidad de información contradictoria, la cantidad de fuentes y la pobreza emocional que nos rodea, pero ¡ey! Ser madre, es único y maravilloso. Es el estado más potente y revolucionario. Es amor. Es sangre en las venas. Es vida.

Tú eres su madre, lo harás bien, también te equivocarás, porque la perfección no existe y si existiera sería tremendamente aburrida e irritante. Tú madre, aprenderás y te adaptarás. Tú, madre, le ayudarás a crecer desde el amor, desde el poder, desde la mirada y desde el cuerpo y tu bebé crecerá, lo hará bien, se equivocará, aprenderá y también crecerá. El resto, sobra.

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