Reflexiones sobre el sueño de los bebés
Cris Moe ens acompanya per parlar del son infantil i del descans de les famílies. Ens dona consells pràctics, desmunta...
Esta es una de las preguntas que más aparecen cuando una familia empieza a plantearse el destete:
¿por dónde empiezo, por el destete diurno o por el destete nocturno?
No es una decisión menor. Remueve, genera dudas y a menudo va acompañada del deseo de hacerlo bien.
Pero en crianza, pocas decisiones son universales y casi todas tienen pros y contras.
En lugar de preguntarnos qué destete es mejor, puede ser más útil hacernos otras preguntas:
¿Qué necesito más ahora?
¿Qué me va a resultar más sencillo en este momento concreto?
¿De qué me veo capaz, no en teoría, sino en la vida real?
¿Qué puedo sostener sin romperme?
¿Qué puedo planificar sin que se convierta en una fuente constante de culpa o frustración?
Estas preguntas no dan una respuesta rápida, pero suelen ser mucho más honestas.
Hay algo que sabemos, aunque a veces lo olvidemos en medio del cansancio.
Sabemos que el pecho no es solo alimento.
Sabemos que cubre muchas cosas a la vez: calma, contacto, regulación, seguridad, vínculo.
Y sabemos también que cuando afrontamos el destete desde la idea de “quitar”, desde esa palabra tan cargada, el proceso suele hacerse más complicado.
Porque cuando pensamos en quitar, la sensación que aparece es la de pérdida.
La de estar dejando de cubrir algo importante para nuestro bebé.
Y eso pesa. Mucho.
Si en cambio ajustamos el prisma y entendemos que el pecho es un canal de relación que cubre distintas funciones, y que lo importante no es la teta sino que esta es el canal a través del cual atendemos lo que el bebé necesita, el destete deja de implicar pérdida para pasar a implicar cambio.
Y aquí, la mirada se transforma.
No desaparece la necesidad.
Cambia la forma de atenderla.
Y eso modifica profundamente cómo se vive el proceso, tanto para el bebé como para la madre.
Cuando pensamos en empezar por el destete diurno, hay algunas cosas que suelen jugar a favor.
Durante el día solemos tener más recursos.
Más margen mental.
Más posibilidades de acompañar sin negar.
Otras personas del entorno pueden participar y sostener el proceso.
Es más fácil ofrecer alternativas, redirigir, anticipar.
Muchas tomas pueden ir diluyéndose de forma gradual, casi sin que nadie lo viva como una ruptura.
Además, el día nos permite observar mejor qué hay detrás de cada demanda y ensayar nuevos canales de relación antes de tocar la noche.
Pero no todo es sencillo.
El destete diurno puede alargarse mucho en el tiempo y generar la sensación de que no avanzamos.
A veces cuesta identificar qué tomas son realmente evitables.
Requiere mucha presencia, constancia y creatividad.
Es habitual que aparezca ambivalencia: hoy acompaño, mañana cedo, pasado me enfado.
Si el entorno no acompaña, puede recaer casi todo el peso en la madre.
Y no siempre mejora el descanso a corto plazo, lo que puede resultar frustrante.
La noche es otro escenario.
Las noches son más oscuras, en todos los sentidos.
Estamos más cansados, el espacio es más cerrado y hay menos recursos externos.
Según cómo se mire, es más difícil hacer un destete nocturno de forma gradual.
En muchos casos hay que acabar negando, y eso suele traer más llanto, sobre todo al inicio.
Emocionalmente puede vivirse como un proceso más intenso, más crudo, y si no hay apoyo, la madre puede sentirse muy sola durante las noches.
Pero también hay cosas importantes a favor que conviene nombrar.
El destete nocturno suele asentarse antes.
Una vez hecho, muchas madres notan una mejora clara del descanso.
Con el tiempo, las noches dejan de estar tan fragmentadas y los despertares se resuelven de otra manera.
La sensación de avance suele ser evidente en relativamente poco tiempo y, para algunas familias, eso resulta muy reparador.
No hay un orden correcto.
No hay un camino mejor que otro.
Hay momentos distintos, familias distintas y capacidades distintas en cada etapa.
A veces buscamos la decisión perfecta cuando en realidad solo necesitamos una decisión posible.
Para tomarla:
hazte preguntas importantes,
traza una hoja de ruta flexible,
observa cómo estás tú, no solo tu bebé,
valora los recursos reales que tienes ahora,
anticipa qué partes te van a costar más,
y date margen para ajustar sin vivirlo como un fracaso.
Destetar no va de hacerlo perfecto.
Va de hacerlo posible.
Y de hacerlo con sentido desde el lugar en el que estás hoy.
Y recuerda, no tienes que hacerlo sola.
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