Mírate, mírale.

Cuando nazcas como madre, mírate.
Mírate igual o más que cuando no habías nacido.
Cuando observes a tu hije y no sepas cómo actuar, mírale. Mírate. Y siéntete también.
Cuando dudes de ti y de tus aptitudes de madre…Mírate. Mírale.
Cuando quieras actuar pero tu mochila pese demasiado, mírate, quiérete. sonríete.
Cuando tengas miedo, mírale, escúchale, siéntele.
Cuando rompan sin filtro contra ti, mírate, ámate y cúrate.
Cuando oigas a tu bebé llorar y no sepas cómo actuar: mírale. Mírate.
Cuando te sientas caer y solo quieras detenerte, siéntete. Detente y … mírate más.
Mírate a ti misma tan o tanto como te gustaría que los demás lo hicieran.
Créate tu propio camino.
Ámate para amarle sin filtros.
Respeta tu cuerpo y hazlo tu templo para que resulte cobijo cuando lo necesites. Deja salir igual que dejas entrar.
Sitúate frente al espejo cuando vayas a dormir y cuando te levantes y acaríciate. Pregúntate y respóndete.
Déjate sostener por quienes lo deseen y permítete suspiros, tantos como necesites mientras le hablas, le quieres y le comprendes, enseñándole amor propio, a hablarse, a quererse y a comprenderse.
Mírate y mírale para no perderos en vuestro propio camino.
Mírate y mírale para libraros de las interferencias.
Mírate y mírale para entrar en vuestra esencia y no perderla jamás.

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