Mi verdad verdadera: materna sin límites

Parece mentira que antes de ayer no tuviera hijos y ayer los pariera.

Y hoy, desde la distancia me doy cuenta de lo potentes y poderosas que somos las mujeres, lxs niñxs, las familias.

Hoy pienso y recuerdo.

Veo fotos y alucino pensando cómo lo hice, con 3 y un sistema que hace aguas.

Hoy alucino pensando como puede ser posible que pretendamos sobrevivir a una crianza con uno o más hijos con las herramientas que nos dan, porque como poco, la principal herramienta que nos ofrece el sistema es el consumismo. Compra una cuna, compra un carrito, compra un robot de cocina, biberones por si acaso y una hamaquita con velocidades. Compra vinilos y botes para tirar los pañales sucios. Compra juguetes y no te olvides del gimnasio. Y como mas compres, mas feliz será tu bebé y más descansada estará mamá.
Y como autómatas compramos nuestras expectativas llenas de ilusión, pero el carrito cuesta un huevo de meter en el maletero o no me deja entrar con libertad en el bus o en la escuelita llena de escaleras. La hamaquita tiene pinchos y la cuna… los únicos que se quedan callados en la cuna son los peluches que me regalaron cuando mis bebés nacieron.

Y es que al final, el gran secreto, no está en el centenar de libros titulados “Una crianza feliz”. Al final el secreto está en que tu bebé quiere cuerpo, piel y alimento. Quiere amor, humanidad, quiere sosiego. Quiere que le mezcas, que le hables, que le sonrías.
¿Y la madre? La madre lo que quiere es darle cuerpo, piel y alimento. Quiere amor y quiere sosiego. Quiere mecerle, quiere hablarle y sonreirle y con tantos trastos, arneses, barandillas, luces y sonidos todo son barreras. Todo es frustración. Todo es desazón. Todo es pensar que “no es normal” “que nada va bien”, porque el bebé llora y no entiendo porqué.

Hoy desde la distancia me veo y entiendo que no logré ser feliz maternando hasta que me liberé del dogma. Hasta que les pegué una patada a los trastos y empecé a mirar a mis hijos con mi mirada y no con la de los demás. Empecé a disfrutar cuando soplé con amor a mi culpa para que se desvaneciera y empecé a usar mi instinto de madre y mi poder de mujer.

Y tú, ¿cuál es tu descubrimiento?

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